Reflexiones de Kofi Annan


PAZ Y SEGURIDAD

El mundo empieza a reconocer las múltiples causas de conflicto, la base económica de la estabilidad y la verdad sombría de que la intolerancia, la injusticia y la opresión - y sus consecuencias -- no respetan fronteras nacionales.



Si la guerra es el fracaso de la diplomacia, entonces... la diplomacia, bilateral y multilateral, es nuestra primera línea de defensa. El mundo, hoy en día, gasta miles de millones preparándose para la guerra; ¿no deberíamos gastar uno o dos mil millones preparándonos para la paz?


La paz duradera es más que la intervención de los Cascos Azules en el campo. El mantenimiento efectivo de la paz exige una noción más amplia de la seguridad humana. No podemos estar seguros rodeados por el hambre, no podemos construir la paz sin aliviar la pobreza, no podemos construir la libertad sobre cimientos de injusticia.



Se dice que los fracasos de los Estados y las guerras civiles y étnicas que a menudo los han seguido son inevitables... Las dificultades ocasionalmente enfrentadas por las intervenciones internacionales confirman precisamente lo difícil que es tratar estos problemas... Deseo proponer una visión distinta. Ella es que estos fracasos, estas guerras y estos problemas son problemas políticos y problemas económicos con soluciones políticas y económicas. Los conflictos en una parte del mundo o la tiranía en otra no son inevitables. La libertad y los derechos humanos son conceptos tan universales como son políticos, aplicables a todo ser humano de cualquier credo o color. La Carta de las Naciones Unidas fue escrita en el nombre de "Nosotros, los Pueblos de las Naciones Unidas."


La comunidad internacional ha desarrollado una comprensión más clara de los límites del mantenimiento de paz y de su continua utilidad. Como resultado de los problemas en el pasado, los Estados Miembros están más conscientes de los riesgos asociados al envío de operaciones con recursos que no se equiparan a sus mandatos. También hemos aprendido que la falta de acción ante la violencia masiva y las amenazas a la paz y seguridad internacionales no son una opción aceptable o viable.


El sistema de Naciones Unidas, en su totalidad, se está enfocando como nunca antes en la construcción de la paz -- acción de identificar y apoyar las estructuras que fortalezcan y solidifiquen la paz. La experiencia ha demostrado que mantener la paz en el sentido de evitar una recaída en un conflicto armado es una condición necesaria pero no suficiente para establecer los cimientos de una paz justa y duradera... Ninguna otra institución en el mundo tiene la experiencia, la competencia, la capacidad de apoyo logístico, la habilidad para coordinar, ni la universalidad que las Naciones Unidas le da a estas tareas.


Hoy, la seguridad se entiende cada vez menos en términos militares, y mucho más como la ausencia de conflicto. Es de hecho un fenómeno que abarca el desarrollo económico, la justicia social, la protección del medio ambiente, la democratización, el desarme y el respeto a los derechos humanos. Estas metas -- estos pilares de paz -- están vinculados. El progreso en una área engendra el progreso en otra. Pero ningún país lo puede lograr a solas. Y ninguno está exento de los riesgos y los costos de no hacerlo.



Durante la guerra fría, la paz y la seguridad tendían a ser definidas simplemente en términos del poder militar o del equilibrio del terror. Hoy en día, tenemos una mayor valoración de las fuentes no-militares del conflicto. Sabemos que la paz duradera requiere de una visión más amplia que incluya a la educación y la alfabetización, la salud y la nutrición, los derechos humanos y las libertades fundamentales. Sabemos que no podemos estar seguros en medio del hambre. No podemos construir la paz sin aliviar la pobreza. No podemos construir la libertad sobre cimientos de injusticia.


Aún en 1945, nuestros fundadores reconocieron la necesidad de pelear en dos frentes para ganar la batalla por una paz duradera: en el frente de la seguridad, donde la victoria se traduce en estar libre de miedo; y en el frente económico y social donde la victoria se traduce en ser libre de carencias.


El uso del mantenimiento de la paz por la comunidad internacional, en búsqueda de intereses comunes, debe ser verosímil y legítimo. Una fuerza creíble sin legitimidad puede tener resultados inmediatos, pero no disfrutará del apoyo internacional a largo plazo. La fuerza legítima sin credibilidad puede disfrutar del apoyo universal sin poder implementarla provisiones básicas de su mandato... Sin embargo, combinadas bajo el paraguas de las Naciones Unidas, la credibilidad y la legitimidad en el uso de la fuerza son no solamente posibles, también se refuerzan mutuamente en la búsqueda de un ideal universal. Para cumplir con esta unidad de propósito y de promesa, debemos restaurar la fe mundial en las Naciones Unidas y lo haremos.


Las motivaciones y las persuasiones políticas son elementos críticos en un proceso de paz. Cuando las partes están realmente interesadas en un arreglo, las montañas se pueden mover en el interés de la paz. Sin embargo, en condiciones caóticas en las cuales el poder se ha transferido a facciones desarticuladas que no tienen ningún interés verdadero en la paz, hay límites tangibles a lo que puede lograr la comunidad internacional. El sentido de comunidad -- la voluntad de reconciliación -- no puede ser impuesto.


Ya hemos visto lo que les sucede a los Estados cuando el centro se desbarata; cuando milicias rivales reemplazan a la razón; cuando los ciudadanos son privados de sus condiciones más básicas de existencia estable; cuando fuerzas exteriores se involucran en la dirección de un país. Lo hemos visto en Angola, en Somalia, en Zaire, en Bosnia.



Se puede hacer mucho con la diplomacia, pero desde luego se puede hacer mucho más si la diplomacia está respaldada por la imparcialidad y la fuerza.


Había millones de personas alrededor del mundo esperando una solución pacífica y rezando por nosotros -- por esto es que en Bagdad dije que nunca se debe subestimar al poder de la oración.


Cuando hablo de las Naciones Unidas, no solamente hablo del personal y de quienes estamos en este edificio. Estoy hablando de las Naciones Unidas de "Nosotros los Pueblos". Cuando hacemos un esfuerzo común mundial y colaboramos para resolver un problema, casi siempre lo podemos hacer. En estas crisis, cuando el mundo se reúne, las cosas suceden. Juntos somos el poder último. Si reunimos nuestros esfuerzos, podemos lograr casi cualquier cosa -- todos nosotros alrededor del mundo - "Nosotros los Pueblos".



DESARME

Las armas en sí no causan las guerras. Pero un exceso de armas alimenta la sospecha y la falta de confianza que pueden elevar las tensiones y conducir al conflicto violento.


Una de las herramientas más monstruosas de guerra ha sido declarada intolerable por todos los Estados parte. Nosotros reunidos aquí en La Haya no necesitamos ver más lejos que los campos de Flandes o las calles de Halabjah para ver pruebas de cómo nuestro siglo ha sido marcado y avergonzado por el uso de armas químicas. Sin embargo, lo que podemos hacer es asegurarnos de que nunca vuelvan a ser parte del arsenal de un país, que nunca más vuelvan a ser el flagelo de algún campo de batalla, ni la ruina silenciosa pero certera de alguna población civil.


Debemos hacer más para librar a nuestro mundo de las malévolas armas cuyos objetivo principal son los inocentes de cualquier conflicto -- las mujeres y los niños.


Hay un nuevo y creciente consenso en que la proliferación de armas de cualquier tipo -- sean armas de destrucción masiva o armas pequeñas -- inherentemente constituye una amenaza a la paz.


Cada mina terrestre retirada puede significar una vida salvada. Pero también sabemos que por cada cien mil minas removidas cada año, son colocadas al mismo tiempo entre dos y cinco millones. La presencia -- o aún el miedo de su presencia -- de solamente una mina puede prevenir el cultivo de un campo entero, robándole a una familia o quizás a toda una aldea su subsistencia.


La alianza mundial que creó esta Convención es una alianza compuesta por individuos y gobiernos, por movimientos populares y organizaciones mundiales humanitarias. Es una alianza que ha avergonzado e iluminado al mundo, revelado sus pretextos y su potencial. Nos ha colocado frente a un espejo que revela la maldad de la insensatez humana y la sabiduría del valor humano. Ha hecho de la "comunidad internacional" una realidad viva y próspera, y no solamente la esperanza de un futuro distante. Solamente una comunidad internacional viva y próspera podría reunirse más allá de fronteras y regiones, para eliminar esta plaga universal... Su éxito es un recordatorio bienvenido de que uno no tiene que ser una super-potencia mundial para influir en el futuro de la paz y seguridad internacionales.



ASISTENCIA HUMANITARIA

La experiencia ha demostrado que una vez que las crisis surgen, la comunidad internacional es capaz de movilizarse rápidamente para responder al sufrimiento de las víctimas civiles inocentes. Las Naciones Unidas y sus socios humanitarios -- contribuyentes, organizaciones no gubernamentales, la comunidad de la Cruz Roja -- han recaudado miles de millones de dólares para llevar comida a los hambrientos, proveer alojamiento a los refugiados y a las personas desplazadas internamente, para apoyar a los niños, a las mujeres y a los ancianos. Esto se ha logrado a pesar de los grandes obstáculos que a menudo acompañan a los conflictos mortales: la dificultad para alcanzar poblaciones necesitadas, una falta de seguridad para el personal de ayuda y una falta de consideración para los principios fundamentales del derecho humanitario y de los derechos humanos



Mientras la comunidad internacional debe ser reconocida por sus respuestas rápidas a emergencias humanitarias complejas y a gran escala, estos esfuerzos no hubieran sido necesarios si hubiéramos sido capaces de prevenir que amenazas identificables se convirtieran en realidades terribles. La lección aquí es clara - la acción humanitaria no debe ser la única medida en la cual la comunidad internacional se pueda poner de acuerdo rápidamente. Nuestra respuesta también debe incluir esfuerzos políticos para desactivar conflictos, promover la paz y la estabilidad y fomentar el desarrollo social y económico.


Hay evidencia creciente y contundente de que los pobres pueden resolver sus propios problemas si tan sólo se les da acceso justo a servicios financieros y de desarrollo de negocios.


Hoy en día, el capitalismo de mercado no tiene ningún gran rival ideológico; su mayor amenaza proviene de su propio interior. Si no puede promover la prosperidad y la justicia no habrá triunfado.


Debemos enterrar el mito de que la cooperación en el desarrollo ya no es necesaria a consecuencia de los flujos de capital del sector privado, las oportunidades de comercio y otros beneficios de la globalización. El ochenta por ciento de la inversión extranjera directa en el tercer mundo se concentra solamente en doce países - todos ellos países de mediano ingreso con la excepción de China. Solamente 5 por ciento se dirige a Africa y el uno por ciento a los 48 países menos desarrollados del mundo. En cambio, la asistencia de las Naciones Unidas se dirige principalmente a países de bajos ingresos, donde puede abrir el camino para el desarrollo del sector privado.


Las Naciones Unidas han hecho su parte en crear zonas económicas especiales, quitar barreras al comercio, apoyar a los inversionistas y en el desarrollo de empresas pequeñas y medianas. En todas estas áreas tenemos antecedentes notables. Con frecuencia, el sistema de las Naciones Unidas ha sido la fuente principal, si no es que la única, de apoyo financiero y técnico a más de 100 Estados desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Nuestros antecedentes son claros; hemos marcado una diferencia al ayudar a la construcción de nuevas sociedades, al actuar para acabar con la miseria humana, y al contribuir a la transición pacífica de sociedades represivas a sociedades libres y democráticas.


Hoy en día, el desarrollo es una preocupación mundial que trasciende las ideologías y los intereses inmediatos. Es ahora un reto tanto moral como político... que demuestra que la estabilidad y la prosperidad son indivisibles.


La cooperación Sur-Sur debe ser más que un lema... Debe ser no solamente una fuente de solidaridad y fortaleza, sino también una fuerza poderosa para el desarrollo.



Con la curiosidad viene la preocupación, y con la preocupación viene el deseo de corregir los males de la opresión y revertir la ola de pobreza en todo el mundo.


Todos estamos aquí porque... creemos... que la pobreza es intolerable en un mundo de abundancia. Y todos estamos aquí porque estamos convencidos -- más bien sabemos -- que podemos terminar con la pobreza en el espacio de nuestra vida, con nuestras propias manos y nuestras propias mentes.


Sabemos que el dilema mundial de la carencia en medio del esplendor es una creación de los seres humanos y que puede ser revertida por los propios seres humanos.


Los mismos medios tecnológicos que fomentan la globalización y la expansión transnacional de la sociedad civil también proveen la infraestructura para expandir la red mundial de la "sociedad no civil" -- el crimen organizado, los traficantes de drogas, los lavadores de dinero y los terroristas.


El mundo tiene suficiente comida. Lo que le falta es la voluntad política para asegurar que toda la gente tengan acceso a esta abundancia, que toda la gente disfrute de la seguridad alimentaria.


Mientras que uno de cada cinco habitantes de nuestro planeta viva en la pobreza absoluta, no puede haber estabilidad verdadera en el mundo.


En el mundo actual, la motivación de la ganancia y la motivación del desarrollo van de la mano. Se han convertido en las dos caras de una misma moneda.


Hay un nuevo entendimiento universal de que las fuerzas de mercado son esenciales para el desarrollo sostenible.


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De todo un poco, de internet, etc

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